Glenda Sanders

El secreto de los amantes

La tumbona había sido una buena inversión, pensó Hayley mientras se arrellanaba aún más entre el mar de cojines de su nueva adquisición. Llevaba allí estirada desde el anochecer, inspeccionando su imperio a través de las pantallas para mosquitos del porche mientras escuchaba los sonidos de la noche.

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