Jayne Castle

Conjuro para enamorar

"¿Quién hubiera pensado que bajo esa apariencia tan elegante se ocultaba un volcán?", susurró él. "¿Qué otros secretos estás ocultando, adorable bruja?"
¿Secretos? La palabra retumbó en la mente de Lacey y los recuerdos la inundaron. Sí, ella tenía secretos. ¿Bajo qué conjuro había regresado a su memoria el recuerdo de Jed? ¿Por qué ella había insistido en convertir a ese simpático bohemio en un educado señor? Él era esencial para sus planes. Sí, ella tenía secretos. Secretos peligrosos. Ella seguía teniendo secretos a pesar de que él la había embrujado con sus besos y la había tocado con esa magia imposible de resistir.


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Demasiado tiempo

A partir del momento que sus voluntades se enfrentaron en la mesa de negociaciones, se trató de una batalla por el predominio. Slade había trasladado el desafío que le planteara Calla en la mesa del directorio al dormitorio. Allí estaba decidido a conquistarla de una vez por todas.
Ella se había jurado no trabajar nunca para él y por supuesto no exponer nunca su corazón a su arrolladora voluntad. Pero sus besos incendiaron su frío rostro prendiendo fuego a las brasas de su cuerpo. Apenas un contacto y ella perdió su razón. Ella tenía que reunir todas sus defensas. En caso contrario ella podría ganar la batalla pero perder la guerra contra este hombre que creía que había comprado su cuerpo y su alma.


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Derecho de posesión

"Espérame" había dicho él. "Cuando todo esto haya terminado volveré a buscarte". Reva había huido del peligro, había salido de América del Sur. Había ansiado en todo momento estar junto a él. Al partir, nunca creyó que él cumpliría su promesa. 
Pero había cumplido. Justo cuando ella pensaba que por fin su vida se había ordenado. Cuando había encontrado a Bruce, ese hombre elegante y sofisticado con quien pensaba casarse, Josh había vuelto a su vida. Alto, esbelto, decidido a todo, él no se detenía en las palabras. Ella le pertenecía. 
Él no podía olvidar su entrega impulsiva, sin condiciones. Sus ojos de león eran imperiosos. ¿Era capaz ella de hacerlo comprender? Ella era dueña de su destino, pero ¿por cuánto tiempo podría ella resistir la urgente y arrogante demanda de Josh?


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La protección de un hombre

¡Qué recio es! Así pensaba ella, mientras desaparecía entre los anchos hombros de él. Sus esbeltas caderas y sus fuertes piernas. ¡El dinero y el machismo de California! Su poder era abrumador, mucho más que el encanto superficial de otros hombres. Pero él lo usaba con el mismo propósito: conseguir lo que quería. 
¡Y en la última noche ella había sido su objetivo!
¡Y qué humillante despertarse en la cama, de él! Tenía vagos recuerdos y toda la resaca de una noche larga y agitada. Pero Chandra Madison era una profesional y propietaria de "Chandra Organización Inc", una empresa distribuidora de productos alimenticios. Ella era dueña de su propio destino...  libre como un pájaro.
¿Y quién era él para insistirle que día no podía vivir sin él, que necesitaba la protección de un hombre?


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Locura de fin de semana

Suerte en las cartas, desgraciada en el amor.
Para Savannah la vida había sido siempre así. Y ella sabía que debía haberse detenido, mientras aún era tiempo.
Esa noche, en la reunión, se le habían subido a la cabeza el vino y esa suerte que no parecía abandonarla nunca. Ganar y ganar. Hasta que el final, ella arriesgó todo. Apostó muy alto y perdió... La apuesta era pasar un fin de semana con Cord Harding.
Cord era esbelto y hermoso, espaldas anchas y un indomable cabello rojo. Además, Cord era un hombre con voluntad de acero. Él no sabía lo que era perder. Y, naturalmente, estaba decidido a cobrar sus ganancias.


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Pirata gentil

"No me pidas que me detenga" le susurró él con una voz ronca, que salía de lo más hondo de su pecho. "Te deseo tanto..." 
Simón había irrumpido inesperadamente en su vida. Como jefe él controlaba su trabajo, siempre urgiendo, siempre intimidando. ¿Además, pretendía ahora tomar posesión del cuerpo y del alma de ella? 
Su boca cubrió la de ella con un beso que comenzó suavemente, hasta que explotó en un ansia irresistible. 
¿Quién era él? ¿Qué quería? Kirsten se había jurado que hombre alguno jamás volvería a ejercer control sobre ella. Sin embargo, ahora, sorpresivamente sentía cadenas que la ataban... cadenas que sostenía en su puño de acero, un pirata implacable, apasionado.

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