Susanne McCarthy

Sólo una aventura
 
A los treinta y un años y en el pináculo de su carrera, Rachel Haston, conductora de televisión, creía saber cuál era su siguiente meta: un marido y una familia. Pero el millonario Nick Farlowe, el niño mimado de Londres, no estaba dispuesto a adquirir compromisos. Oh, la había besado de una forma desconocida para ella y le hizo pasar momentos agradables. Sin embargo, ¿estaba dispuesta a casarse con otro hombre, consciente de que su amor por Nick sólo la llevaría a arrojar al viento las ilusiones... y los sueños de toda su vida?
 
 
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El mejor postor
 
Seis años atrás, Ginny Hamilton había puesto fin a su compromiso con Oliver Marsden al pensar que tenía una aventura. De modo que, cuando Oliver «compró» a Ginny en una subasta con fines caritativos por mil libras esterlinas, ésta tuvo motivos para sentirse alarmada.
Pero él aún la quería en su cama, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para conseguirla. ¡Aunque tuviera que casarse con ella!.
La proposición de matrimonio que le hizo Oliver sin duda representaba una solución a los problemas de Ginny; la muerte de su padre la había dejado sin un cen-tavo. Pero, ¿podía considerar casarse con un hombre que no lo hacía por amor, sino por deseo?
 
 
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El beso de Venus
 
Dakis Nikolaides era un cupido poco habitual, entrado en años y con un evidente mal humor. Pero había encontrado lo novia perfecta para su hijo Theo y no pensaba permitir que el asunto se le escapara de las manos. Sólo había dos problemas: la novia, Megan Taylor, había hecho voto de evitar a los hombres guapos. El último que había conocido la había dejado con el corazón destrozado. Ni siquiera Theo Nikolaides, un millonario que se había hecho a sí mismo y dios griego a tiempo parcial, iba a hacerla cambiar de opinión.
Y al novio le había bastado una sólo mirada al curvilíneo exterior de Megan para convencerse de que era una cazafortunas sin piedad, aunque bastante atractiva. Podía llevársela a la cama si su padre seguía insistiendo, pero nunca se casaria con ella.
 

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